lunes, 1 de agosto de 2005

Disney y sus 100 años de magia



Como les comenté hace 15 días atrás, en mi odisea por sacar una entrada para el susodicho espectáculo, finalmente llegó el gran día gran. Mi hija y yo nos preparamos con tiempo, nos pusimos coketas (nada de ir así no mas de jean y zapatillas, esta vez ameritba salir a la calle bien empilchadas), salimos de la casa con hora y media de anticipación y entramos temprano para evitar los acostumbrados amontonamientos de gente. Como de costumbre, la zona estaba atiborrada de vendedores ambulantes, yo creo que habría al menos 1 por cada 10 asistentes al espectáculo, y calculen ke el Luna Park tiene una gran capacidad. Ofrecían a todos los ke estábamos en las inmediaciones, y casi en forma atropellada, todo tipo de baratijas inútiles (una curiosa vincha con antenitas cuya punta remataba en la carita del ratón Mikey en color rosa o celeste, llaveros, muñecos, luces, cintitas para el pelo, y hasta largavistas para los del palco del fondo) pero sobre todo, demasiado caras. Y bueh, hubo kien compró porque todos sabemos ke a los chicos no siempre se los puede convencer de lo contrario a sus deseos. Como yo, ke una vez adentro del recinto accedí a comprar una bolsa de papas fritas, más el “programa” del espectáculo (un folletito de 4 hojas, el programa ocupaba sólo la primera, el resto todo logos de los auspiciantes), se me fueron $6. Por suerte, y como mamá precabida ke soy, llevé en el bolso sandwiches y jugo, por si nos atacaba el frenesí alimenticio, sino se me iban otros $6 en un pancho y una coca chica.

A pocos minutos de empezar la función, la voz en off del locutor anunciaba por favor apagar teléfonos celulares durante el espectáculo, pero no sé si hay gente que sufre de sordera crónica o son demasiado imprescindibles para este mundo, pero no faltaron los desubicados de siempre ke dejaron el celular encendido, cuyo estridente sonido se hizo sentir en el medio del espectáculo y ellos, lejos de avergonzarse o apurarse en apagar el molesto aparatito, lo dejaban sonar y lo miraban arrobados, como sonaba una y otra vez, jorobando a los demás.

La función comenzó, con la aparición de Pepito el Grillo. Las voces se transmitían desde el equipo de sonido y los bailarines solo hacian su mímica, me pareció asombrosa de la coordinación del baile y los movimientos en todos los actos, para que un Goofy cayera al suelo justo cuando se escucha el "plum paf". El espectáculo duraba dos horas y se dividía en 2 actos, pero si descontamos que el primer acto comenzó con 12 minutos de retraso y los 15 minutos del intermedio, tuvimos en total unos 45 minutos por cada acto. Otro detalle es que hacía demasiado calor en el recinto y el hielo, al final de la función, hacía agua por todos lados. Podía verse en los personajes que arrastraban alguna parte de su atuendo por el hielo, como al hacer una pirueta volaba el chorro de agua por los aires.

Caos total el acceso a los sanitarios durante el intermedio. Uno solo para cada género y por cada sección (calculen, en cada sección entran mas de 100 personas) era como demasiado poco. Lo ke duró el intermedio se atiborró de gente y de chicos chiquitos para los cuales la palabra paciencia tiene un sentido demasiado vago, sobre todo cuando de necesidades fisiológicas se trata.

Y en el final, todos los personajes todos se asomaron al borde de la pista a saludar a los chicos. Los de las ubicaciones mas cercanas tuvieron la oportunidad de acercarse rápidamente. Nosotras, que estabamos mas lejos, tuvimos ke sortear un mar de gente y sobre todo cochecitos de bebé ke interrumpían el pasillo de acceso. Mi nena no llegó, la pobre se kedó asomada al borde de la pista con la ilusión deshojándose. Yo atrás, con el corazón en la boca, la seguí como pude en su carrera frenética entre el gentío, rogando no perderla de vista y sobre todo no perderla físicamente, porque ahí sí ke iba a ser una verdadera pesadilla encontrarla.

Salimos, vadeando el mar de gente ke marchaba a paso lento, no se si por la emoción o por la desesperación de revisar los llamados perdidos en el celular. Ya afuera, otra vez a huir de los vendedores ambulantes que parecían haberse multiplicado por diez. Decidimos que lo mejor era volver a casa pronto y merendar bien.

Una belleza el espectáculo, que les puedo decir, très magnifique!! La agilidad de los patinadores, el colorido de los trajes, la coreografía divinamente coordinada con la música de las película del personaje en cuestión. Valió la pena la pequeña fortuna invertida, en eso puedo decir que no salimos decepcionadas ninguna de las dos. Pero lo ke no tuvo precio fue ver la cara de emoción de mi nena, los ojitos brillantes, la sonrisa y la expresión de asombro. Y yo, bon dieu, creo que retrocedí 28 años en el tiempo. Lamento no haber tenido una cámara digital para captar el momento. Y bueh, me lo llevo bien guardadito en el arcón de los recuerdos.

Bien por papá Disney, un brindis por el Centenario y otro por otros 100 años más de fantasías, y brindo ahora ya ke por razones obvias no estaré para festejar ese bicentenario.

Buen fin de semana, sean felices y descansen

.-·*'°§| PörTeñ4 |§°'*·-.

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