domingo, 14 de agosto de 2005

Día de Granja

Ayer domingo no se me ocurrió mejor idea que pasar un día al aire libre lejos del Síndrome de Amontonamiento en Espacios Públicos de la Ciudad. Me había llegado hacía unos días una invitación a visitar la Granja Chocolatada en Pilar, vi la página web y me gustó la variedad de actividades que ofrecía, además de contar con un restaurante y parrilla en el mismo lugar.
Allí nos dirigimos al mediodía. Llegamos y ya de entrada el estacionamiento estaba hasta las manos, había ke dejar el auto por ahi afuera al costado del camino de tierra. En la entrada nos dijeron que la capacidad del comedor y la panchería estaban colmadas (serían cerca de las 13 hs., joder, justo hoy se levantaron todos temprano...) asi que para almorzar había que trasladarse al Shopping o al paseo de los cines Village. Y yo, con las ganas ke tenía de comer una buena parrillada, terminé comiendo una sosa ensalada en el Burguer King (sin contar que Carolina, la ke me tomó el pedido, me hablaba susurrando y con el griterío del lugar no le entendía 2 corchos).
Una hora después volvimos a la Granja y entramos. En la entrada vimos un cartel que anunciaba el sorteo de un pony y varios conejitos, yo aliviada de ke mi hija todavía no sabe leer, porque si se llegaba a ganar alguno de los bichos lo ibamos a tener ke devolver. El pony era precioso, tan manso que parecía un muñeco de peluche, pero los conejitos, ajjj, no hay bicho mas sucio y dañino. De entrada recorrimos el lugar, no era tan grande como parecía pero era lindo, relativamente limpio y bien ambientado. Para chicos como mi hija, ke viven en un departamento en la ciudad, hay pocas oportunidades de ver animales de granja, y aquí no solo podían verlos sino también tocar y acariciar. En el gallinero abundaban los pollitos y en la conejera los gazapitos (sí, me metí en ambas para comprobar que mi habilidad de atrapar gallinas no estaba atrofiada). También había en un estanque gansos y patos, otro con ranas y tortugas; también pavos, un ñandú y un chajá, todos sueltos y constantemente correteados por los chicos curiosos. Despues había varios corrales, uno con burros, mulas y caballos, otro con ovejas y cabras, y hasta uno con la famosa vaca lechera a la que los chicos podían ordeñar en determinados horarios. En un costadito estaban los terneritos, todavía sucios de haber tomado su ración de leche, y en la entrada una enorme llama marrón. También había variedad de juegos construidos en madera, el campamento indio y un teatro (éste último había ke pagarlo aparte y costaba la friolera de $10,-). Era el lugar ideal para sentarse al sol mientras los chicos se entretenían, el día estuvo soleado y cálido, pero a eso de las 17 hs. se levantó un vientito frío que empezó a ahuyentar a todos. Pero muy bonita la granja, verdaderamente para recomendar como paseo dominguero para los chicos que adoran los animalitos.

Me acuerdo que de chica siempre quise vivir en una granja, y a pesar de que crecí casi casi en el campo, no paraba de recordar a mi mamá refunfuñando aquella vez que me aparecí con 4 pollitos, o cuando me regalaron el conejito bebé. Ahora casi 25 años después, comprendo por qué me decía "tenerlos es lindo, pero después me van a destrozar el jardín y encima la ke va a tener ke limpiarles la mugre soy yo". Y así sucedió. Las madres nunca se equivocan.

Y ahora los dejo, sean felices y disfruten lo que resta del fin de semana largo.

.-·*'°§| PörTeñ4 |§°'*·-.

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