lunes, 26 de diciembre de 2005

Aldea mágica e histeriosa

Había visto la propaganda de el evento que se realiza todos los años para las vísperas de la navidad: la Aldea Mágica de Coca-Cola. Según la publicidad, llena de cosas divertidas para los chicos: duendes, juegos, teatro, diversión y, por supuesto, la presencia de Papá Noel para que los niñitos le cuenten sus deseos y se saquen la foto. La entrada era un juguete por persona, para entregar a los niños más pobres. Le sugerí a mi hija que buscara dos juguetes que ya no necesitara, y ahí ya empezamos mal... resulta que no podía prescindir de ninguno de los nosecuantos juguetes que tiene acobachados en tres cajones, sin contar a los que andaban desparramados por la casa sin encontrar su morada. Resolví comprar dos juguetes nuevos en el Todo x 2 pesos, una muñeca y un autito.
Llegamos a la Rural, entramos y dejamos los juguetes en la boletería a cambio de la entrada, todo decorado coquetamente para la ocasión. Al ingresar por el pasillo, ay dió... nunca había escuchado tanto bochinche en mi vida! Había chicos por todos lados que correteaban descontrolados, que lloraban o gritaban. Y eso no es todo! El ambiente estaba decorado con lucecitas y arbolitos navideños, todo muy bonito, pero demasiado oscuro para mi gusto, y con la música de los villancicos a todo volumen como si fuera una disco, con razón el griterío.
Sugerí a mi nena dar una vuelta y curiosear a ver por dónde podíamos comenzar, y así vimos dos casitas, una donde había mesitas con sillitas y elementos para dibujar, otra donde una chica contaba cuentos, luego varios puestos donde pintaban artísticamente las caras de los chicos, varios camioncitos antiguos con el logo de Coca-Cola (ocvio), un trineo tirado por cuatro renos todo en tamaño natural, un escenario (demasiado alto para que los chicos pudieran ver muy bien lo que pasaba ahí arriba) y por supuesto, la estrella del circo: Papá Noel. En todos estos puestos de entretenimiento había colas espantosas de más de 30 personas, menos en la última, que habría fácil unas 90.
- Mami, yo quiero contarle a Papá Noel lo que quiero que me traiga para Navidad.
- Bueno, pero te aguantás tooooda esta cola de gente?- y le señalé la larga fila.
- Eeemm... no, mejor comprame una Coca con botita.
La bebida en cuestión venía embutida en una simpática botita navideña. Bueno, ahí tambien esperamos un buen rato en la fila, y me costó $4,50 la botellita de 500 cc. Ni hablar de comprar algo de comer, como madre precabida siempre llevo en la cartera algún snack para entretener al diminuto estómago de mi hija cuando salimos. Vagamos sin saber bien a dónde ir, y finalmente nos acercamos al escenario que anunciaba la presencia del mago Marcelo. Pasaba el tiempo y el mago no aparecía, asi que en un momento inicié el reclamo junto a un grupo de chicos que estaba delante mío, coreando con las palmas "dónde está, Marcelo dónde está", hasta que al fin apareció. Hizo sus trucos (medio pedorros por cierto) con la participación de varios chicos del público. En ese momento aproveché que la gente estaba toda mirando el epectáculo para llevar a que le pintaran un delfín en la cara a la nena. Quedó monísima. Luego tratamos de ver un teatro de títeres pero como el parlante de la música estaba justo encima no se escuchaba absolutamente nada. Asi que en ese momento ella me tironea de la mano y me dice:
- Mami... estoy cansada y el ruido de acá me molesta, mejor vamos a casa.
- Bueno vamos, te gustó venir o mas o menos?
- Sí, mas o menos...
- Yo me imaginé otra cosa, creo que con una sola vez basta y sobra.
Y así fue. De tantas veces que quise llevarla en años anteriores esta vez se dió, y creo que no se dará otra vez. Después de todo, se es chico una sola vez en la vida.

Y ahora los dejo, sean felices y disfruten el fin de semana

.-·*'°§ PörTeñ4 §°'*·-.

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