miércoles, 6 de mayo de 2009

Lo odio, lo amo

- ¿Por qué llorás, hijita?
- Me... me duele esta muela, mami, ay!
- Ay dió, a ver si tengo un calmante en el botiquín...
Recuerdo tan patente aquel momento entre mi madre y yo! Mi primer llanto por amor a un hombre... bah, por el chico que me gustaba, que era un compañerito de grado y se llamaba Gustavo. Teníamos mucho en común, éramos excelentes dibujando, muy buenos en geografía, nos gustaba la lectura y para nada las matemáticas. Mis amigas decían que era medio maricón porque gustaba jugar a los juegos de chicas, como la ronda o la soga. Para mí, simplemente era perfecto, el compañero de juegos ideal, el único a quien le hubiese dado encantada mi primer beso... pero no me daba ni la hora. Sufría mucho su indiferencia y muchas veces lloraba pensando por qué yo no le gustaba ni poquito así. Y cada vez que mi mamá me preguntaba qué me pasaba, tenía que disimular contra viento y marea, caso contrario tenía que aguantarme un sermón de una hora en el que ella trataba de hacerme entender que no valía la pena llorar por un hombre, que apenas era una nena como para pensar en esas cosas, que aún tenía una vida por vivir, y toda clase de consejos sobre el amor que una madre pudiera dar a una hija, pero que la hija no tiene ganas de escuchar.

Veintiocho años después de ese episodio, cuando pensé que ya había superado todas las visicitudes del amor, un idiota aparece de casualidad en mi vida, se roba mi atención con su simpatía y me deja embobada con ese mirar tan dulce de sus ojos azules. Y lo que es peor, el sólo pensar en revelarle lo que siento por él me deja muerta de miedo: "no puedo decirle que me gusta, me va a sacar cagando, nunca me tomaría en serio, y si es puto? me suicidooo!". Si al menos pudiera saber qué siente él por mí, si en algún momento del día piensa en mí, si conoce mi número de teléfono por qué carajo no me llama...!

Y así, en este divague mental, me encontró mi hija esta tade:
- ¿Por qué llorás, mami?
- Nada, me... me duele este diente... ahora me tomo un calmante.

Como un animal salvaje enjaulado, que quiere salir corriendo desbocado y se encuentra encerrado por todos lados, golpea y patea las paredes pero finalmente se rinde, cansado de pelear, se echa al suelo añorando la libertad y resignándose a nunca más volver a tener paz. Así tal cual es como me siento yo ahora. Este amor me desborda el pecho, me eleva hacia las nubes, me entierra en un foso de oscuridad, me ilumina, me enceguece y me quema por dentro.

Lo odio por robarse mi corazón... y lo amo por eso y todo lo demás.

Y ahora los dejo, sean felices y... y... bueh, no sé... nada, simplemente eso, sean felices, no se me ocurre otra cosa.

,-·*’°§ PörTeña §°’*·-,
_

1 comentario:

Punto Baires dijo...

Si es exactamente asi, pero el amor es como una negociacion, de esas que llevarias a cabo con un cliente. Antes de entregar tu libertar y sentirte enjaulada por tus sentimientos. Negocia, hazle preguntas, chequea sus reacciones, miralo a los ojos, pero no te pierdas por mas que sean azules, negocia hasta el final. Preguntale que quiere y sopesa sus deseso con lo que tienes para ofrecer. Si al final de la negociacion, sabes que el quiere lo mismo que vos y vez que podran realizar buenos "negocios", pues ofrece tu producto. En caso contrario de seguro es puto!! jejeje