lunes, 15 de junio de 2009

"El amor es muy puto"

"Corazones Desatados" es un libro de ésos pocos que me atrapó desde las primeras páginas. Lo compré este sábado de paseo por mi librería favorita, el Ateneo Gran Splendid de avenida Santa Fé. Confieso que me llamó la atención porque lo ví de oferta, pero al hojearlo me acordé que había leído dos o tres relatos en la revista de La Nación y me habían divertido muchísimo. Ese ejemplar se vino conmigo, y en el bondi de camino a casa no me pude despegar hasta hoy lunes que terminé de leerlo. Me enternecí, me reí, me compadecí, me sorprendí y al final, señoras y señores, cuando terminé de devorar todo el libro, me puse triste y lloré como una pelotuda. De todas esas veinte historias de amor de gente común y corriente, como usted o yo, en algún caso siempre toca una historia igual o parecida a la de uno. Bueno, parecidas un poco sí, pero más tortuosa y bizarra que la mía, no.

Porque mi historia, si cabe decirlo, se ajusta perfectamente a esa frase que Fernández, el protagonista/narrador de este libro, halla escrita con birome azul en un libro de Scott Fitzgerald: "El amor es muy puto". Y si, es así. En algún momento de nuestras vidas nos damos cuenta de ello. Yo misma, soldado sobreviviente de muchas batallas del corazón y prohibidos juegos de amor, en camino a la veteranidad, lo sé. Pero sabiendo que era una locura, mi corazón, hablando mal y pronto, se abrió de gambas ante la ilusión del amor de ese hombre-corazón-de-niño-y-ojos-de-cielo. Ah, mierda, ¿y ahora? Y ahora, já, ahora ando caminando por las paredes, ahora me caben todas las canciones de amor, ahora le escribo poesías melosas otra vez, ahora no puedo pensar en otra cosa... y se me viene encima la entrega final de Proyectual II.

Ejem, bueno volviendo al tema, "Corazones Desatados" es uno libro exquisitamente narrado para ser leído por gente como uno. Nada de palabras difíciles, bien directo y en criollo. Veinte historias de amor de gente común y corriente, pero tan reales y tangibles, que Titanic queda hecho un poroto. Sí, tal cual.

Y ahora los dejo porque tengo trabajo pendiente, sean felices y si tienen oportunidad de leer este libro, estoy segura que les va a gustar, o al menos van a simpatizar con el abnegado Fernández.

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