martes, 28 de julio de 2009

Llamalo, llamalo, llamalo!

Ayer a la tarde estuve, fácil, 20 minutos esperando a tener valor para llamarlo "como si nada". En realidad, hace 1 semana que quería llamarlo y no encontraba el momento o la hora adecuada. Pero bueno, arremetí, marqué el número y justo atendió él. De más está decir que casi me hago pis encima de la emoción. "Nena, parecés una quinceañera que llama al chico que le gusta para preguntar por la tarea", me dije a mí misma. Y si, algo de eso había. Había llamado para darle mis saludos atrasados del Día del Amigo, avisarle que tenía un regalito de parte mía y mi hija, preguntarle si iba a ir a los 10K de Reebok el próximo finde, y unas cuantas boludeces más por el estilo. Fueron casi 25 mintuos de conversación, me encantó oírle de nuevo la voz y la risa, cuando corté creo que si me hubiese caído un yunque en la cabeza, no me hubiese importado mucho. Porque por un lado, estaba contenta, pero por el otro no tanto. Esperaba alguna sugerencia, no sé, alguna propuesta inocente de salir a pasear, al cine, a tomar un café, a donde carajo sea. Qué se yo... ¡algo! pero no. Nada. Nadita de nada. Otra vez esquivó el bulto y se escabulló con un "bueno ya nos veremos un día de éstos", y bye.

Otra vez me dejó con esa sensación de tener el vaso medio lleno y medio vacío. Cuando llegué a casa, aunque no había nadie, me encerré en el baño y me puse a llorar.

"De un corazón roto siempre sale una genialidad" me dijo alguien una vez. Así que una vez que pasaron las lágrimas, me puse a escribir.

Y ahora los dejo porque estoy embaladísima, sean felices y larga vida al teléfono, que a algunos nos acerca y a otros nos aleja más.

,-·*’°§ PörTeña §°’*·-,
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