viernes, 24 de julio de 2009

Recuerdos de mi infancia - episodio I

–Hija, necesitás que te lleve algo de la librería?
–Sí, necesito otra caja de lápices, de 24 porfa. Y un Voligoma, y un Liquid-Paper...
–¡Pero nena! ¿Qué hacés con los lápices vos? ¿Te los morfás en el recreo? Es la segunda caja que te compro, y recién estamos a mitad del año escolar!
–Y bueh, ¡yo que sé! Se me pierden. Ah, si podés también fibras de colores.
–Vos sí que te quejás de llena. En mi época, era 1 tanda de útiles por año, lo único que se reponían eran los lápices negros y las gomas de borrar. Lo demás, si se perdió, ajo y agua...
–Bueno má, traeme eso, chau.
En fin, eran otros tiempos. Los útiles no venían de China como ahora, en su mayoría (si no eran todos) se fabricaban acá, por lo que su vida útil, valga la redundancia, era considerablemente larga y era directamente proporcional al cuidado que le diera su dueño (muchas veces so pena de llevarse una buena paliza). Usábamos reglas de madera, en la que a veces escribíamos con lápiz chiquitito las tablas de multiplicar o alguna respuesta para la prueba, o en el mejor de los casos, un corazón con nuestra inicial y la del chico que nos gustaba. Picábamos papel gracé con un punzón, cuyo cuerpo era de madera o plástico tio baquelita, y tenía una punta no muy filosa de metal. También los había caseros, hechos con el cuerpo de una Bic y un clavo en la punta que quedaba firme en su lugar después de haber quemado la porción de plástico en la hornalla de la cocina.
Y por supuesto, de los elementos que les muestro aquí, los tuve todos. El Paco-pega, que era pegamento blanco, la cantimplora (que en mi caso particular era amarilla... creo que todavía está en casa de mi madre guardada), el vasito retráctil (el mío era amarillo), la cajita de fibras Silvapen (la de 12 era mi favorita).
Llevaba mis útiles en un portafolios de cuero muy parecido al de la foto, salvo que el mío tenía un par de detalles en cuero azul. Me duró hasta 3º. Luego tuve otro portafolios que se hacía mochila, era de lona verde militar con detalles de cuero, también me duró creo hasta 6º. Hoy en día, todos los años hay que comprar una mochila nueva tipo carrito, cada vez más grande. Bueno, es verdad que a la escuela municipal ibas de mañana o de tarde, y sólo las privadas tenían doble escolaridad.
En el peor de los casos, a la tarde te podía tocar ir a guitarra, piano, inglés, danzas o maestra particular. En el mejor, podías pasar la tarde entera con amigos/as del colegio o vecinitos/as jugando a la pelota en el potrero o la vereda, hacer "picadas" en la bicicleta, jugar a las escondidas, la mancha o al poli-ladron. Y entre las 5 ó las 6 de la tarde, a tomar la leche chocolatada con bizcochuelo casero hecho por mamá o la abuela, o sino Criollitas o tostadas con manteca y dulce de leche. Recién ahí podíamos ver una o dos horas de dibujitos animados en el único aparato de televisión que había en la casa, antes que papá llegara del trabajo y se pusiera a ver las noticias.

Éso sí era vida. A mí no me vengan con los MP5, los ringtones, la Wii, el Facebook, la Coke, las Oreo o las Menthos.

Y ahora los dejo, sean felices y no sé si todo tiempo pasado fue mejor, pero que la pasábamos rebien con muy poco o nada de tecnología, ni dudarlo.

,-·*’°§ PörTeña §°’*·-,
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