sábado, 20 de febrero de 2010

Fragmentos (VI): Fuego oscuro

Siendo ésta una hermosa noche, luego de un diluvio de antología en la ciudad, acompañada de buena música de jazz y una merecida taza de café, he decidido volver a las letras que he tenido que dejar "estacionadas" debido al trabajo.

En este capítulo, que aún no está numerado, Jorge (el protagonista, viudo y próximo a cumplir los 40 años) y Nina (amiga de Alejandra, cercana a los 30) se encuentran pasando los tres un fin de semana en el campo. Nina se aparece despojada de su look emo-dark y Jorge le hace un comentario, ella se ofende y con la excusa de fumar un cigarrillo, se retira al jardín.
[...] La joven se sentó en la vereda en penumbras, con las piernas cruzadas. Encendió un cigarrillo y segundos después, Jorge apareció por el pasillo.
–Che tonta. Te lo dije en serio. –le dijo éste, con las manos en los bolsillos del jogging y apoyando el hombro en la pared. –Estás linda así, al natural, sin esa ropa rara y sin esa pintura negra encima de los ojos. Nunca entendí el objetivo de afearse hasta parecer la hermana de Drácula.
–Vos no entendés nada, jovato. –le contestó ella, y le dio una pitada a su cigarrillo.
–¿Cuál es la onda de desagradar así?
Ella no le contestó. Lo miró con una mueca de ironía y lanzó una leve nube de humo. Jorge continuó hablando.
–En mi época, o eras Dark, Punk, Posmoderno o New Romantic. Todavía no se cuál es la diferencia.
Nina lo miró y se encogió de hombros.
–Hum, me imaginé que me ibas a contestar cualquier gansada.
–¿Y qué esperabas? –dijo ella con sorna. Volvió pitar su cigarrillo y, suavizando el tono de voz, le preguntó: –¿Querés que te cuente algo en serio? ¿Querés saber por qué soy así?
Jorge se sorprendió y asintió. Se sentó junto a ella, que le habló con tono suavizado.
–Hace muchos años, yo era pendeja, me enamoré como loca de un compañero de colegio de mi hermano. Era, como decías vos, un dark. Dibujaba muy bien y escribía poesías. Yo estaba encandilada con su aura intelectual, su aspecto sufriente, los ojos negros como la noche y la piel blanca como la luna llena. Fue vernos, y flechazo total. Un día… –suspiró, pitó otra vez el cigarrillo y soltó el humo lentamente. –Un día me entero que el idiota fue a parar al hospital por una sobredosis de heroína. Yo fui la primera que cayó en el interrogatorio, y yo te juro que no tenía ni la más puta idea de que se daba con algo tan pesado. Un porro sí, no es nada del otro mundo. Pero esa clase de ácidos, al menos a mí nunca me había mostrado nada. Mis viejos, cuando se enteraron, se recalentaron y me prohibieron volver a verlo. Me prohibieron incluso que me lookeara como él, ¿podés creer? Cuando se recuperó, nos veíamos a escondidas, y empezamos a frecuentar lugares under, de arte vanguardista. Yo estaba maravillada de toda esa movida... Cómo hacer del sufrimiento una filosofía, y aún así encontrar sentido a esta vida. Volvimos a enamorarmos y fuimos felices. Hasta fantaseábamos con escaparnos e irnos a vivir juntos. –hizo una pausa, dio una pitada más larga y soltó el humo con los ojos cerrados. –Y lo hubiéramos hecho, pero la felicidad nos duró poco. Estuvo un largo tiempo en tratamiento para dejar las drogas pero siempre volvía a caer, pasaba de la euforia a la desesperación, a veces me gritaba que no quería verme nunca más y otras veces venía llorando a pedirme perdón y que no lo dejara. Y al final, cagó fuego... Sobredosis. Sufrió dos días y murió de un paro cardíaco. –miró el cigarrillo y lo apagó en el piso. Miró a Jorge con los ojos húmedos. –Ése fue mi primer amor, el más grande, y juré que iba a ser el último. Me quedé con sus dibujos y sus poemas, como un tesoro. Decidí yo también, en su memoria, abrazar ese credo oscuro, vestir de luto y no permitir que nadie me quiera o me abrace… Bah, nadie no. Lalo, Alejandra y la nena me abrazan cuando me ven distraída. Pero sólo a ellos se los permito. El resto, patada en el orto. Incluso vos.
–Ahora lo entiendo todo… –dijo Jorge luego de una breve pausa. Por primera vez la vio como una mujer, humana en cuerpo y alma, y sintió algo de pena, tal vez porque se vio reflejado en su pena por la pérdida de un gran amor.
–Ya ves, como dice Ale, todo tiene una explicación. –dijo ella.
–¿Y por eso siempre jugás al “toco y me voy”?
–Ajá.
–¿Y pensás seguir así toda la vida?
–¡Mirá quién habla…!
–Qué desperdicio, eh.
–Tomatelá, te parecés a mi mamá.
–Es una pena, la verdad.
–Confío en que esto se queda acá y vas a tener la boca cerrada, ¿no?
–No sé… –dijo Jorge, mirándola desafiante. Ella levantó la vista ceñuda y él continuó: –A lo mejor te gustaría cerrármela con un beso.
El pedido no se hizo esperar. Ella se le acercó y le dio un apretado beso en los labios… seguido de un sonoro cachetazo que le hizo morder la lengua.
Nina se levantó y se alejó a paso rápido. Jorge se quedó quieto, un poco aturdido, acomodándose los lentes mientras pensaba si eso formaría parte de algún ritual o, peor aún, una maldición de alguna de esas extrañas tribus urbanas. Sintió escalofríos y un hormigueo justo ahí donde termina la espalda. Se arrepintió terriblemente de haber querido acercarse tanto a ese fuego oscuro.
–¿Qué te pasa? –le preguntó Alejandra a Nina al verla cruzar.
–Nada. –dijo ella. Pero no pudo disimular que aún tenía los ojos húmedos.
–¿… seguro? –volvió a preguntar su amiga, viendo la silueta de Jorge poniéndose de pie al final del pasillo.
Nina suspiró y dijo rápidamente:
–Me sentía triste, el tarado éste me quiso abrazar y le metí un sopapo. No entiende que no me gusta que me toquen. Perdoname Ale, no pude evitarlo.
–Ay, tontis, conmigo está todo bien. –le dijo, agarrándole las dos manos con dulzura. –Yo hablo con él después.
Jorge pasó delante de ellas, mirándolas de reojo y tocándose la mejilla colorada.
Esa fue la primera y última vez que estuvieron tan cerca el uno del otro. A pesar del incidente, Jorge no le guardó rencor y siguieron siendo amigos durante muchos años, tal vez porque no les quedaba otra opción: ambos estaban fuertemente conectados con Alejandra (ella como amiga y él como amante) y forzosamente tenían que compartirla. Ninguno olvidó lo ocurrido esa tarde, ni hablaron al respecto hasta que fueron lo suficientemente viejos como para reírse del asunto, como de otra locura más de las tantas que se comenten durante la juventud.
Y ahora los dejo, sean felices y viva el look dark.

,-·*’°§
P0rTeña §°’*·-,
_

3 comentarios:

Marijo dijo...

Que buena tu historia, porteña. ¿me autorizas a publicar algún fragmento en mi blog citando la fuente?
Marijo
www.subculturasjuveniles.blogspot.com

Pennsylvania slip and fall lawyer dijo...

Thank you for all the great posts from last year! I look forward to reading your blog, because they are always full of information that I can put to use. Thank you again, and God bless you in 2010.

Porteña dijo...

Hola Pennsylvania sarasa sarasa:
Me posteás en inglés, por lo que dudo que hayas leído y entendido algún post, pero gracias igual por pasar y dejarme tu link. Como siempre digo, hay que estar preparado para lo peor: así que, si algún puto día seme ocurre irme a vivir a los EE.UU. y tengo 1 accidente, de seguro te voy a llamar.

Good bless you in 2010 too.

[ Porteña ]