jueves, 18 de marzo de 2010

Fragmentos (V): No se hagan ilusiones

Cuando escribía este relato, pensaba en cómo nos sentimos las mujeres luego de ser seducidas, y cómo pensaría un hombre en la misma situación. De por sí no creo que haya un hombre lo suficientemente sensible como para pensar en algo semejante a lo que verán en el relato, mas bien todo lo contrario. En mi vasta experiencia con ellos, lo único que quieren es, dicho en buen criollo, echarse un buen polvo y que te vayas a tu casa lo antes posible y en un taxi. Pero bueno, el ejercicio de imaginación valió la pena.

En este capítulo sin númerar aún, Jorge (el protagonista, viudo y a punto de cumplir cuarenta) está atravesando una nueva vida de soltero y asiste a la inauguración de un boliche junto a Alejandra (su amiga-amante) y Fredy (amigo de esta última y padeciente de trastorno bipolar); los tres consiguen ubicarse en una mesa del sector VIP y allí sucede lo siguiente:
[...] Pidieron vino y conversaron alegremente un largo rato cuando de pronto, una joven de largo cabello castaño y ajustada musculosa con lentejuelas negras se plantó delante de Jorge.
–¡Vos! ¿Por qué no me llamaste más? –le dijo, hecha un huracán.
Jorge estaba sentado junto a Alejandra, y en ese preciso momento estaban tomados de la mano. Él la miró de hito en hito y luego le dijo amablemente:
–Hum, ¿nos conocemos?
–¡Já! ¡Te hacés el tarado porque estás con tu mujer! ¿Eh? ¿Con qué derecho hacés esto?
Alejandra trató de no reírse justo en ese momento, mientras Jorge, incómodo y fastidiado, trató de responder lo más cortesmente que pudo:
–Mirá linda, controlá el tonito o largá el alcohol, porque sino…
No completó la frase. La joven, ni lerda ni perezoza, en un ágil movimiento le arrojó a la cara lo que tenía en el vaso, con hielo y todo. Le dio un empujón en el hombro y le gritó varios improperios. En ese instante Alejandra se puso de pie en un salto para calmar a la fiera en estado de histeria antes que la cosa llegara a mayores. Todos los que estaban cerca se dieron vuelta a mirar entre risas en cuanto escucharon el escándalo. Un patovica acudió enseguida para retirar a la joven del sector.
Jorge, rabioso casi a punto de hacer explosión, se puso de pie y se fue al baño de caballeros. Se paró frente a los lavatorios e intentó limpiarse la camisa húmeda.
–Vodka… –murmuró arrugando la nariz.
Se lavó la cara, se secó con una toalla de papel y luego apoyó las manos en la mesa de pulido granito negro, bajando la cabeza, con la mirada fija en las gotas que caían de la canilla y se deslizaban por el reluciente lavabo. Estaba de muy, muy mal humor. En eso alguien entró. Levantó la cabeza y vio a Fredy avanzar lentamente.
–¿Todo bien? –preguntó éste.
Jorge lo miró con ganas de fulminarlo con un rayo por atreverse a hacer una pregunta tan obvia como estúpida.
–Ah… Que cosa con las mujeres, ¿eh? –continuó hablando el recién llegado, como si nada, metiéndose las manos en los bolsillos del pantalón. –No sé por qué creen a rajatabla cualquier boludez que les digas mientras estás en la cama…
–Yo no prometo nada que no pueda cumplir. –dijo Jorge seriamente. –Ni en el mejor de los garches ni en la peor de las curdas.
–¿En serio no la conocías?
–¡Yo qué sé! No llevo un catálogo de todas las minas que me volteo.
Fredy iba a decir algo, pero se quedo callado. Jorge se pasó la mano por la cabeza y dijo:
–Estoy harto… ¡Harto! ¿A vos no te pasa? Creen que, porque se encamaron con uno, tienen todo el derecho de asfixiarte con quichicientas llamadas y mensajitos, de exigir atención todo el tiempo, regalitos, alfombra roja, y, y… ¡No, viejo! ¡No debe ser así! ¡Soy un hombre, no el genio de la lámpara, carajo! ¡La que quiera contrato de exclusividad conmigo, que se lo gane tocándome el corazón y no la pija!
Un tipo entró y se fue directamente a los mingitorios. Jorge resopló, volvió a abrir la canilla y se mojó el pelo con la mano.
–No... sé que decir… –balbuceó Fredy, totalmente desconcertado.
–Nada, negro. No hay nada que decir. –dijo Jorge con resignación, sacando otra toalla de papel del dispenser, y secándose dijo: –Es así. ¡Me hago puto o me muero virgen! Pero como mi virginidad ya se la di a una minita hace más de veinte años, sólo me queda la otra opción...
Hizo un bollo con el papel húmedo y lo tiró al papelero con certera puntería. Volvió a resoplar mientras se acomodaba el pelo frente al espejo. Fredy lo miraba con los ojos muy abiertos. El tipo que había entrado hacía pocos instantes también miraba mientras se lavaba las manos.
Jorge también los miró, y con una mueca de ironía les dijo:
–No se hagan ilusiones.
Y se retiró.
Y ahora yo también me retiro a mi sector VIP, sean felices y vaya mi admiración para todos los hombres sensibles que no quieren ser tratados como simples máquinas de cumplir deseos materiales.

,-·*’°§ P0rTeña §°’*·-,
_

No hay comentarios.: