jueves, 1 de julio de 2010

1º de Julio: Día del Arquitecto

Saludo hoy a todos y todas los/las arquitectos/as en su día. Y les voy a contar algo acerca de uno en particular. Uno que no fue tan premiado como Pelli o Alvarez, pero si creo que se merecería un premio al esfuerzo: mi papá.
A don Gilberto Arellano se le ocurrió empezar una carrera a los 35 años, mientras trabajaba como administrativo. La decisión fue alentada por sus hermanos mayores y fue así que se anotó en la FADU y empezó a estudiar. La carrera en sí lleva casi 6 años, pero a él le costaron casi 10 de esfuerzos y muchísimas noches sin dormir dedicadas a leer, hacer trabajos prácticos, proyectos, maquetas, láminas que había que dibujar a mano y a las que cualquier error de cálculo o de pulso podía dejar impresentables ante la vista de profesores rigurosos y exigentes. Su entusiasmo no mermó, aún cuando en los últimos años de la carrera los hizo durante el proceso militar, época en las que años más tarde nos confesó que iba a cursar con miedo y trataba todo el tiempo de no llamar la atención de nadie. ¿Por qué? Porque en esa época también se casó y tuvo a sus dos hijos, mi hermano y yo. Se recibió en el '76, fue a la entrega de diplomas con su familia y por fin, se dió el gusto de colgar su título en el living de su casa.
Pese a tanto esfuerzo, nunca lo reconocieron lo suficiente, tal vez porque era algo "grande" (45 años) para ejercer la profesión. Tuvo un breve paso por empresas constructoras donde lamentalemente los que tenían apellido y "cuñas" se quedaban con los mejores puestos. No se resignó a ser tratado como un "viejo", tuvo un estudio compartido con ex compañeros y más tarde siguió ejerciendo como profesional independiente, hasta que la vista y el pulso dijeron basta. Cuando inició los trámites de jubilación, se la negaron por no cumplir suficientes años de aportes. Pasaron años de trámites interminables, solicitudes, abogados, esperar y esperar, mientras tanto dependió de la ayuda de su hija (yo) y un trabajo como profesor de oficios en la Municipalidad. Finalmente, pasados los 74 años el ANSES le otorgó la jubiliación por edad avanzada.
Tal vez no sea una historia de coraje. Para mí es una historia de esfuerzo y nobleza. Cuando era más joven siempre pensé que le faltó un poco más de locura, si se hubiese arriesgado más, tal vez hubiese llegado lejos. Pero cuando yo formé familia, me di cuenta por qué lo hizo. Mucho se dice del "el que no arriesga no gana", pero él nunca puso en riesgo lo más valioso que tenía, y éramos mi mamá, mi hermano y yo. Y para él, el fracaso más grande era no poder llevar el pan a la mesa.

Más que el título de arquitecto, para mí el ejemplo más claro y más noble fue el esfuerzo por querer cambiar el destino. Cualquier otro hubiese tirado la toalla, y más en esta época donde el esfuerzo y el empeño no valen dos carajos. Él no. Y yo tampoco, pese a que ya tengo 38 y sigo esforzándome para recibirme algún día de Diseñadora Gráfica. Cuesta, pero quiero hacerlo, porque creo que con semejante ejemplo, yo no podría ser de otra manera.

Y ahora los dejo, sean felices y un gran abrazo a todos/as los/las arquitectos/as.

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1 comentario:

victoria dijo...

me encanto esta historia
nunca se es grande para estudiar!