sábado, 17 de julio de 2010

La escuela, nuestros hijos y nosotros

Mi foto de la escuela...
"La escuela está arruinando a mis hijos"

Jorge Fernández Díaz

lanacion.com | Opinión | Sábado 17 de julio de 2010

Como me gustó este relato. Me trajo recuerdos de mi infancia, allá en la Escuela Nº 86. Yo era una nena bajita y gordita, tímida, regular en matemática pero brillante en ciencias naturales, geografía y arte, sobre todo en dibujo y arquitectura (y, era la hija del arquitecto...).

Sucedió que había en esa escuela, como en todos lados, un brabucón que solía molestar a los más tímidos e indefensos. A mi hermano lo tenía de punto para sus burlas porque era diez veces más tímido que yo. Una vuelta, lo quiso agarrar a trompadas y yo, salí en defensa de él (a pesar de las eternas peleas entre hermanos). Al grandote ese todos le teníamos miedito porque iba a karate. Pero si había algo que a mí en ese entonces me hacía hervir la sangre eran ésos que se aprovechaban de los débiles (todavía hoy me pasa), y lo desafié a que me pegara a mí... si se atrevía. Juro que no sé cómo esquivé la patada y el manotazo que me dio, pero en un segundo yo salté, y con arañazos en la cara que le propiné fueron de antología. Se fue a la casa hecho mierda, física y moralmente. No podía acusarme ni con los padres ni con la maestra, porque iba a tener que admitir que él había buscado la pelea (estaban mis otros compañeritos de testigos) y encima contra una nena. Se tuvo que comer la humillación, andá a saber qué excusa dio en la casa. Pero santo remedio, nunca más nos molestó.

No creo que sea una historia de vida, es mas, creo que estoy haciendo apología de la violencia. A ver, ¿quién de chico no se tuvo que agarrar a las trompadas para defenderse o defender a otro? Son cosas que pasan, la escuela es a veces un mal necesario que hay que sufrir para ser una persona socialmente adaptada. Pero hace 30 años era otra cosa. La maestra era autoridad, los padres eran autoridad, hasta el portero era autoridad. Hoy día ese sentido de autoridad desapareció por completo. Padres ausentes con síndrome de "Peter Pan", maestros con mil problemas en la cabeza y alumnos con sobredosis de telebasura (no saben qué fue de la vida de don Manuel Belgrano, pero están al tanto de las andanzas mediáticas de Ricardo Fort), pasan casi 10 horas por día metidos en la escuela, más actividades extra fuera de ella. Los sobreexigimos para que estén debidamente preparados, para que tengan un futuro, para que sean mejores personas y ganen mejores sueldos que nosotros...

Pero a veces pienso, ¿no terminarán los pobres padeciendo el Síndrome de Don Fulgencio (*)? Después de todo, ¿no son los chicos traviesos y espontáneos por naturaleza? ¿No se merecen un rato de nuestro tiempo para hacer algo juntos, algo que no sea mirar televisión, jugar con la Wii o chusmear el Facebook?
¿Algo como qué?
Hablar, por ejemplo.

Y ahora los dejo, sean felices y basta de hablar de la escuela che, ¡a disfrutar las vacaciones de invierno!

,-·*’°§ P0rTeña §°’*·-,

(*) Personaje de historieta creado por el dibujante Lino Palacio en 1938, llamado "el hombre que no tuvo infancia", era un hombre enorme y tímido que seguía comportándose como un chico.

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