sábado, 18 de diciembre de 2010

Relato: "Las reglas del juego (sucio)"

Aquí les dejo otro relatito, escrito a mano durante un momento de ocio cierta vez que hice una breve parada en el Starbucks de Florida y Rivadavia. En diagonal a mi sillón predilecto, en una mesa, una parejita no paraba de echarse cosas en cara y pasarse facturas de todo calibre. Una ruptura o una reconciliación fallida, pensé yo. Y de pronto, una musa me tocó y se me ocurrió esta historia. Espero que les guste:

Las reglas del juego (sucio)

–Ceci, necesito que no nos veamos por un tiempo.
Aquellas palabras resonaron como en la bóveda de una iglesia vacía. Hicieron un eco solemne antes de perderse en el aire que de pronto se tornó pesado, irrespirable.
Ella lo escuchó sin levantar la vista de su capuchino coronado por un copete de blanca espuma de leche. Despacio, abrió el sobrecito de azúcar y lo volcó encima.
–¿Y por qué? –preguntó mientras revolvía lentamente con la cuchara.
Él emitió un suspiro largo, parecía mas bien el resoplido de un caballo cansado. Entrecerró los párpados y eligió con el mayor cuidado las palabras para no dar lugar a malos entendidos.
–Nos estamos haciendo daño. Yo no me ubico en esta relación. Necesito un espacio para estar solo y meditar. Mi mente va a mil y quiero frenar un poco esta locura. Existen infinitas posibilidades y yo elijo esta, tal vez te suena un poco egoísta pero si yo no pienso en mí, ¿quién lo va a hacer? Quiero ser responsable de mi vida, pero quiero ser yo el que maneje el timón. No sé, ¿entendés lo que te quiero decir?
Ella sorbió dos veces de su taza mientras lo escuchaba atentamente. No, no le entendió ni jota lo que le estaba queriendo decir. Era la justificación más pedorra que había escuchado en su vida, llena de vueltas, adornada inútilmente como un arbolito de Navidad. ¡Basta de cuento, la verdad se dice siempre de frente! Seguramente apareció en el medio otra minita y él, sin un pelo de tonto, estaba pidiendo una tregua para probar la comida del plato de al lado. Para tener el pan y la torta por si acaso y no quedarse con hambre. Si un hombre quiere jugar sucio con el corazón de las mujeres, mejor que nunca las subestimen: ellas aprenden rápido las reglas del juego, e incluso perfeccionan la técnica.
Ceci volvió la mirada, y encogiéndose de hombros, con una sonrisa digna de una Lucrecia Borgia que ha derramado veneno en la copa de su víctima, sentenció:
–Ok. Lo que vos digas. Querés estar solo, te dejo solo. Seguramente tendrás mucho para meditar así que me voy yendo. Igual nos vamos a ver en la cena de Fin de Año de tu empresa.
Él la miró sin comprender. Ella se puso de pie tranquilamente y mientras se ponía la cartera al hombro, continuó.
–Tu jefe me invitó anoche. Lo conocí la semana pasada en el cumple de Vero. La verdad que es re simpático, tiene un carisma increíble. No sé por qué siempre decías que era un putito reprimido, ¡nada que ver!
Él intentó balbucear algo, pero ella se despidió, giró la espalda y se alejó a paso ligero.
Y otra vez esa sonrisa de satisfacción se le dibujó en los labios.
Ceci 1, Emilio 0.

Sean felices y recuerden que la venganza es un plato que se sirve frío y se come despacio.

,-·*’°§ P0rTeña §°’*·-,
_

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Tal cual Ale, la venganza es un plato frío pero delicioso...son de esas ensaladas que traen muchas cosas ricas y te las vas comiendo de una en una, saboreandolas hasta terminarla.
Besos, Lorena @lorenbsas

ladydark_22 dijo...

wow de verdad esta buenisimo!!!! me encanto!!!nostras somos a si, si nos enamoramos damos todo, pero si se burlan de nostras que se la banquen!!!!!!!